jueves, 11 de octubre de 2012

EDGAR Y KEVIN

Kevin siempre se había metido en problemas. Sin embargo, cuando Edgar le vio con un móvil robado empezó a preguntarse si de verdad conocía a su amigo. Todo fue muy rápido: el Jefe de Estudios anunció el registro de las mochilas, y Kevin le pidió a Edgar que le guardase el móvil. Pero una vez que lo tuvo en su poder, Edgar sintió que le ardía en las manos, se levantó en medio de clase y dijo que se lo había encontrado en la cajonera del pupitre. Claro, le preguntaron quién se lo había dado. Edgar no sabía mentir, pero tampoco habló: “No soy un chivato”.
Una semana de expulsión. Es decir, una semana castigado sin salir, sin ordenador, sin tele, sin móvil…
y sin contestar las llamadas a Kevin. A la vuelta, Edgar iba a decirle que lo que le jodía no era sentirse usado, sino tener que ver cómo su amigo se iba a la mierda; y Kevin, por su parte, que estaba harto de la prepotencia de Edgar... Pero, como siempre, la conversación se les fue de las manos: Edgar empezó agarrándole de la camisa, Kevin le dio un cabezazo en la nariz, y antes de darse cuenta estaban los dos rodando por el suelo cubiertos de polvo y de sangre. Como siempre, Kevin acabó encima, pero por primera vez no le bastaba con inmovilizar a Edgar, sino que volcó toda su rabia en la cara y el cuerpo de su amigo; pero Edgar tampoco se rendía: prométeme que no vas a volver a robar un móvil. ¡Prométemelo! Al final, Kevin le soltó y se marcharon sin una palabra.

Al día siguiente volvió el Jefe de Estudios: habían vuelto a robar. Les dio una hora para que apareciese el nuevo móvil y los dejó a solas con el tutor. El malestar de la clase se traducía en comentarios en voz baja: justo al regreso de Edgar... Desde su sitio en la esquina, Kevin juró a su amigo que él no había sido. ¿Podía creerle?
Edgar se levantó diciendo que era culpa suya. El tutor le preguntó dónde estaba el teléfono. Le recordó que le expulsarían de nuevo, incluso podrían abrirle un expediente. En ese momento, Kevin se puso en pie y avanzó entre las filas: no podía dejar que echasen definitivamente a Edgar. Cuando llegó a la mesa, entregó un móvil, el suyo: “Si alguien se queda sin móvil prefiero ser yo”. “Pues yo tampoco quiero el mío”, dijo Edgar. Inmediatamente todos los compañeros de la clase se levantaron para dejar sus aparatos en la mesa del tutor, quien, asombrado y orgulloso a la vez, dejó también el suyo. Se quedarían todos bajo llave hasta que apareciese el teléfono robado.
 
PRIMER FINAL: Aquella noche, todos los móviles desaparecieron del cajón: Edgar se los entregó a Kevin, junto con el que había robado.

SEGUNDO FINAL: Durante tres días, la clase vive sin móvil. Nadie se queja. El tutor es el que peor lo lleva. De pronto, la profesora de Educación Física comenta que se ha encontrado un móvil en los vestuarios…

TERCER FINAL: Kevin devuelve el móvil, pero nunca, nunca, nunca se lo contará a Edgar.

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